Vitamina D. Suplementación y uso con prebióticos.

¿Qué es la vitamina D?

La vitamina D es una vitamina liposoluble esencial para la salud humana que puede obtenerse por la alimentación o por exposición a la luz solar. Desempeña un papel crucial en la absorción de calcio y fósforo, fundamentales para la formación y mantenimiento de huesos y dientes fuertes. Además, participa en la regulación del sistema inmunológico y en la función neuromuscular.

Aunque el cuerpo puede producir vitamina D a través de la exposición solar, factores como la edad, el clima y el estilo de vida pueden limitar esta producción, haciendo necesaria la suplementación. En este artículo, exploraremos la dosis adecuada de vitamina D por rango de edad, sus características liposolubles y el formato más efectivo para su consumo.

Formas principales de vitamina D

Su forma más activa es el calcitriol que contiene 3 grupos hidroxilos (-OH) y por eso se la conoce como 1-alpha,25-hidroxivitamina D3. Para suplementación de vitamina D se pueden encontrar las formas:

–Vitamina D2 (ergocalciferol): se obtiene principalmente de fuentes vegetales y hongos.

–Vitamina D3 (colecalciferol): se produce en la piel humana tras la exposición a la luz solar y también se encuentra en alimentos de origen animal, como pescados grasos y yema de huevo.

Ambas formas son efectivas para aumentar los niveles de vitamina D en sangre; sin embargo, algunos estudios sugieren que la vitamina D3 podría ser más eficaz y mantener niveles más elevados durante más tiempo en comparación con la D2.

Suplementación y dosis recomendada de vitamina D por rango de edad

Las recomendaciones de ingesta diaria de vitamina D para mantener niveles séricos de 25-hidroxivitamina D superiores a 20 ng/ml, considerados como adecuados para la salud ósea y general, varían según la edad y las necesidades individuales. Los niveles pueden medirse en sangre y debe tenerse en cuenta tanto el exceso como la deficiencia para tener en consideración la suplementación:

-Niveles superiores a 125 nmol/L (50 ng/ml) son muy elevados y podrían ser causa de problemas de salud como la hipercalcemia.

-Niveles de 50 nmol/L (20 ng/ml), o superiores, en general son apropiados para mantener la salud general y ósea.

-Niveles inferiores a 30 nmol/L (12 ng/ml) son demasiado bajos y podría producirse debilidad en los huesos y perjudicar la salud.

Según La Oficina de Suplementos del Instituto Nacional de Salud estadounidense (National Institutes of Health (NIH)) y el Instituto Linus Pauling (Instituto Linus Pauling) las dosis diarias recomendadas son:

–Lactantes (0-12 meses): 400 UI (10 µg) al día. Los bebés dependen de la leche materna o fórmula, que por si solas no aportan los niveles de en vitamina D, por lo que se recomienda suplementar desde los primeros días de vida.

–Niños (1-13 años) y adolescentes (14 a 18 años): 600 UI (15 µg) diarios. Durante este periodo, el cuerpo se encuentra en pleno crecimiento óseo y desarrollo inmunológico, y la suplementación ayuda a prevenir raquitismo y problemas asociados.

–Adultos (19-70 años): 600-2.000 UI (15-50 µg) diarios, dependiendo de la exposición solar y los niveles en sangre. En este caso la suplementación es necesaria para mantener una densidad ósea adecuada, prevenir la osteoporosis y reforzar el sistema inmunológico.

–Mayores de 70 años: 800-2.000 UI (20-50 µg) diarios. La capacidad del cuerpo para sintetizar vitamina D a partir del sol disminuye con la edad, aumentando el riesgo de fracturas, por lo que la suplementación es una opción adecuada para recibir la cantidad de vitamina D necesaria.

–Mujeres embarazadas o dando lactancia: 600-2.000 UI (15-50 µg) diarios. El objetivo sería asegurar niveles adecuados tanto para la madre como para el bebé en desarrollo o lactante.

–Situaciones especiales (hasta 4.000 UI o 100 µg): en casos donde los niveles de vitamina D en sangre son muy bajos (<20 ng/ml) o hay condiciones médicas como osteoporosis, deficiencia severa, enfermedades autoinmunes o malabsorción (enfermedad celiaca o Crohn), se pueden recomendar dosis de hasta 4.000 UI de vitamina D diarios bajo supervisión médica. Esta dosis también puede considerarse segura para adultos sanos en climas con muy poca exposición solar, especialmente durante el invierno. Superar este límite podría producir toxicidad, como la hipercalcemia y el daño renal.

La suplementación con vitamina D es especialmente recomendable en individuos con riesgo, pero es importante consultar con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplementación para determinar la dosis adecuada según las necesidades individuales. En el mercado, los formatos más comunes incluyen cápsulas blandas o perlas, formato líquido para administrar en gotas (ideal para lactantes o niños pequeños), tabletas o comprimidos y espray sublingual.

La Sinergia Entre Vitamina D y Prebióticos

Un microbioma saludable favorece la absorción de nutrientes, incluyendo calcio y magnesio, que son fundamentales para la función óptima de la vitamina D.

La combinación de vitamina D con prebióticos como FOS o inulina, tiene un impacto positivo en la salud intestinal y ósea. Además, los prebióticos, al fermentar en el colon, producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que acidifican el ambiente intestinal, mejorando aún más la absorción de calcio. Por otro lado, la vitamina D también potencia la función de las células inmunitarias, mientras que los prebióticos promueven un microbioma equilibrado, lo que reduce la inflamación y el riesgo de enfermedades autoinmunes.

Conclusión

La suplementación de vitamina D a la dosis adecuada, sin exceder los límites y preferiblemente con la forma D3 (colecalciferol), parece ser la mejor opción debido a su mayor eficacia en elevar y mantener los niveles séricos de vitamina D.

La vitamina D es esencial en todas las etapas de la vida, y su suplementación puede marcar una gran diferencia en la salud ósea e inmunológica. Elegir la dosis correcta según la edad y optar por formatos que optimicen su absorción, son claves para aprovechar al máximo este importante nutriente.

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